4 Videobares argentinos: década de los 80

Nota de revista VIDEO CLUB de noviembre de 1987

Los videobares le están cambiando la cara al divertimento porteño
AMIGOS, BEBIDAS Y ROCK

Un lugar donde encontrarse con un grupo de amigos o con una chica, ver los mejores video clips y además tomar y picar algo, es la síntesis que los videobares ofrecen a la juventud porteña. Un espacio para cada necesidad en el ritmo de su generación.

Comer una hamburguesa con Madonna, tomar una cerveza con Mick Jagger o un whisky con Sting, puede ser una propuesta interesante para el fin de semana. De hecho es así para cientos de jóvenes habitués de los cada vez más proliferantes videobares musicales. Los hay de diversos tipos ubicados estratégicamente en las zonas claves de la ciudad. Su éxito —especialmente los viernes y los sábados, días en los que están repletos— se basa en la síntesis de los elementos claves del divertimento porteño; el cine, la música, algo para tomar y algo para picar, todo por la módica suma de... y como si esto fuera poco, generalmente cuentan con algún sector cómodo y casi privado para mimitos y arrumacos. ¡Qué más se puede pedir! 

Esta síntesis permite, por otra parte, una múltiple gama de conductas. No es necesario estar en religioso silencio como en el cine, por ejemplo. Los que realmente van con la intención de ver el espectáculo se ubican adelante, cerca de la pantalla y permanecen como en misa o tocando una guitarra o un teclado imaginario. Algunos también llegan solos, pero con la actitud de acudir a una cita importantísima. Y están en lo cierto, ya que allí, en el televisor, lo esperan aquellos amigos que marcan el ritmo de su generación. En cambio para otros, esto no tiene mayor significación, el video pasa a segundo plano y el papel protagónico lo tiene la conversación que desarrollan a los gritos, tratando de hacerse entender con ritmo de rock and roll. Por suerte se sientan más cerca de la puerta, comen y beben más que los primeros y utilizan el bar como un lugar de encuentro llenando los vacíos con algún acorde o imagen que dé pie a un nuevo comentario. No faltan los que prefieren los privados y ponen música a los espacios del amor o copian de soslayo los sensuales movimientos de los sex-symbols de la época, a saber: Madonna y Sting para los más controlados o la variante de Tina Turner y Mick Jagger para los más delirantes.

Stephanie, el familiar
En el estilo de un pub inglés, Stephanie trata de abarcar todos los públicos. Al mediodía funciona como restaurante, atrayendo a profesionales y ejecutivos con videos de Frank Sinatra, Barbra Streisand u otros clásicos de la canción o eventos deportivos internacionales. Hacia la tarde y la noche el público de 18 a 35 añoé ya entra en órbita con los videoclips en la variante psicodélica. Tiene video láser y pantalla gigante. No hay una progarmación establecida sino que es el público quien determina sus preferencias. Alberto Sutton, su dueño, recibe periódicamente novedades de Estados Unidos y Europa, lo que le permite tener a su clientela constantemente interesada, al punto de que algunos acuden todos los días, como si tuvieran que marcar. Para una mayor ubicuidad, tiene dos salones, uno para los románticos y en ocasiones alquila el lugar para fiestas y cumpleaños. Los hits: Madonna, Sting, The Pólice, U2, Rolling Stones y Tina Turner.
Stephanie
 
After Eight, el gigante
En Rivadavia y Nazca, After Eight es sin duda el rey de los videobares. Decorado con espejos, plantas, luces psicodélicas y mullidos sillones. También tiene video láser y dos pantallas gigantes, una de frente y otra de costado. El lugar es enorme y por su estilo y la calidad de sus videoclips recibe público de los cien barrios porteños. Diseñado para estar bien cómodo, permite una concentración total en el espectáculo. El volumen del sonido y la fuerza de las imágenes impiden la dispersión en conversaciones o interferencias. Es un lugar para ir a ver video. El momento romántico no queda descartado pero sí todo intento de barullo. El plato fuerte también aquí son Sting, The Police.
After Eight
Best Seller, el primero
Este pub, ubicado en Libertador y Sucre fue inaugurado hace cinco años, y dos años más tarde llegó el video que dio un toque especial al divertimento juvenil de Belgrano. Tiene cuatro televisores a razón de uno por salón y alrededor de 300 videoclips que ellos mismos traen de Estados Unidos y Europa. Cuatro también son los dueños: Mario Pistoni, Guyi D Anillo, Nucho Bavacciy Julio Sarmiento, todos cultores del deporte, lo que hace que atraigan a un público de joggins y zapatillas especialmente interesado en el hockey y el rugby. En este lugar se come, y bastante: hamburguesas especiales, picadas, lomo. El reducido tamaño de la pantalla —televisor común— hace que prepondere la conversación sobre la imagen. Vimos los viejos éxitos de los Rolling Stones, los ancestrales Beatles y el infaltable Sting.

Parakultural, el punk
En pleno San Telmo —Venezuela al 300— el Parakultural suma al video otro tipo de actividades como teatro, recitales, conferencias. El público es muy joven, de un look que pone constantemente a prueba la imaginación, pelos parados y teñidos, ropa predominantemente negra, en suma, estilo punk. Funciona viernes, sábado y domingo y la calidad de los videoclips es “lo último y lo mejor” —según declara su dueño, Ornar Viola—. El decorado se parece a aquellas cuevas existen-cialistas donde lo sórdido pretende ser hermoso. Es un lugar en donde se siente que hay entusiasmo, que hay fervor, que se está gestando algo nuevo.


rarovhs

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