Cine softcore argentino 1985-1995 (en VHS)

Nota de Sex Humor: Julio de 1997 Año XIII
Cine soft argentino 1985-1995
Entre el lesbianismo y el thriller erótico
Nació como la alternativa al cine porno o de sexo duro y en diez años creció al amparo del video y murió entre los vaivenes del negocio cinematográfico y la moral argentina. Fue el medio que manejaron actrices como Silvia Peyrou o Susana Torales, pero que también fue plataforma de lanzamiento para artistas que -tal vez de otra manera- no hubiesen tenido una oportunidad. Tan controvertido que hasta su director más prolifero reniega de él.

A partir del fin de la dictadura, el cine erótico en la Argentina empezó a desarrollar un lugar en la filmografia nacional. En realidad debería decirse videografía, porque la mayoría de los intentos -dados los costos de producción, posibilidades de distribución y realización- estuvieron más cerca de una cámara de video que de una de 35 mm.
La aventura del intento de realizar una película erótica nacional fue el resultado natural de tantos años de prohibición a caballo de un género -el hardcore o porno- que, proveniente principalmente de EE.UU., provocaba gran curiosidad y atracción entre los virginales argentinos de la postdictadura.
De esa manera, mientras algunos directores se animaron en el porno nacional (Víctor Maitland fue el más prolífero), otros se lanzaron al softcore (porno suave, sin penetraciones). Este género en Argentina, por lo general, rondó la temática policial, de terror o el bizarro, pero con el nudo central del sexo. Los códigos implícitos permitieron el desnudo integral femenino, conductas sexuales lésbicas (pero poco) el desnudo masculino sólo de espaldas o de costado y alguna que otra violación.
La producción, entre 1985 y 1995, fue de unos ocho títulos y a partir de ese año la tendencia decayó. En la actualidad, entre la crisis económica, la invasión desproporcionada de material extranjero y la escasa creatividad, el softcore nacional languidece a la espera de algún nuevo intento más audaz e imaginativo.

EL CINE DE GUSTAVO GHIRARDI
Del puñado de realizadores que probaron suerte en el softcore, el director Gustavo Ghirardi con El caso Laura (1990), Un ladrón, un violador y dos mujeres (1990) y Apelación fatal es quien tiene la videografía más abundante.
Este director armó un equipo de actores y actrices con los que trabajó en los tres videos. Marcela Labarca, una actriz muy parecida a Flavia Palmiero, que se mueve muy cómoda en las escenas de sexo, pareció convertirse en la actriz "fetiche” del director luego de haber protagonizado El caso Laura, Jorge Schubert, el mejor actor del conjunto, siempre tuvo a su cargo papeles de entregador o asesino, y tanto él como Hugo Maro se desempeñaron con soltura en las escenas de sexo. Quién fue un importante soporte de estas realizaciones como de otras del género fue el actor Romualdo Quiroga. Sin dudas, este veterano artista ya venía fogueado en estas lides y como ejemplo valga su eficaz actuación (rodeada de una famosa leyenda) en la célebre película Carne de Armando Bo con la incomparable Isabel Sarli.
Si se puede considerar una constante (además de la sexual), hablando en este género y en la obra de Ghirardi, está dada por el protagonismo de la mujer, que si bien aparece como objeto sexual, termina convirtiéndose en el elemento dominador de la historia. Ghirardi, con sus mujeres (bah... Marcela Labarca es la única) parece haberse adelantado a la tendencia imperante de Hollywood, que da vida a supermujeres que manejan las situaciones, aman, usan armas, asesinan y se convierten en antihéroes.
De sus tres trabajos, El caso Laura fue el mejor filmado y el director la anunció como una historia basada en un hecho real. En esa realización también se destacó la actuación de Berenice Soto.

LAS PELICULAS DE LA PEYROU
Una de las actrices más importantes de este género, por presencia, belleza física y disposición para el trabajo -sin dudas- es la contundente Silvia Peyrou. En Asalto y violación en la calle 69 (Pablo Bellini), hace de una desenvuelta secretaria administrativa de una distribuidora cinematográfica y amante del dueño, que da vida a una mujer de “armas llevar” y que a lo largo de la historia tendrá que vérselas (sexualmente) con unos y otros.
En Despertar de pasiones (Ornar Pini), posiblemente la producción más cuidada y mejor filmada de todas las de este género -con exteriores, panorámicas, buena musicalizactón y un reparto importante-, la Peyrou da vida a una esposa engañada que planea una venganza sin importarle las consecuencias. Una vez más hace gala de un físico y una sensualidad atractivas. Su escena final, insinuando un mini gang-bang a la criolla, es muy sugestivo, El film promete mucho sexo (la escena inicial en la cocina no es muy frecuente en el cine argentino), pero después se cae en un drama pesado.
A veces, estas producciones tienen muy buenos actores de reparto y las dos protagonizadas por Silvia Peyrou no son la excepción. Tal es el caso de la actriz y cantante María Silvia Varela en Asalto.... Trabajando como actriz desde su Córdoba natal, llegó a Buenos Aires en busca de un futuro laboral más cierto. Pero cuando las posibilidades no aparecen, muchas veces se intenta aun por canales no “normales”. Varela se la jugó en la producción de Pablo Bellini realizando uno de los mejores trabajos en lo que a escenas de sexo se refiere. Sin embargo. María Silvia, que actualmente está volcada al canto y espectáculos de tango, reconoce que no volvería a trabajar en una producción de esas características. “Me decían respetá el guión y yo preguntaba ¿qué guión?, porque no había dirección ni nada". Respecto al paso de artistas de los circuitos “normales” por este tipo de películas o videos, Varela sabe que hay varios actores y actrices que, al estar en el inicio de la carrera o no encontrar nuevos proyectos, se deciden a hacer algo soft. En tanto, en Despertar... se destaca, especialmente, la hermosa Judith Gabbani (desgraciadamente no juega ninguna escena de sexo ni muestra un tobillo), y el actor Edward Nutkiewicz (que literalmente es violado por la Peyrou)

LAS OTRAS
Hubo otros intentos que conforman la apretada filmo-videografía del softcore argentino pero difícilmente puedan considerarse importantes,
De este grupo se había esperado con cierta expectativa Prisioneras del terror (Ricardo Suñez) que presentó un amplio reparto (22 artistas) encabezado por Elvia Andreoli e Inés Gago y con la participación especial de Romualdo Quiroga y Mario Pasano.
La historia, que mezclaba elementos del cine de terror y satanismo con toques de “gore” y bizarro, contaba la odisea de una madre con sus hijas y amigas durante una noche de tormenta en una quinta extraña y aislada. Hay confusos ritos de iniciación y algo de lesbianismo con muy poco erotismo. El final es con moraleja y, hasta un consejo firmado por el propio director.
En cambio, Las guachas (Ricardo Roulet) fue un aporte positivo al género. Con pretensiones de producción (exteriores, y unos 13 artistas), Bellini cuenta la historia de dos mujeres de campo, María (Susana Torales), y Rosa (Ana Marelli) que crecieron huérfanas, solas y salvajes porque sus padres fueron asesinados luego de una noche de sexo y violencia.
El desequilibrio que viven las lleva a despreciar a los hombres y llegado el caso a seducirlos y matarlos como si quisieran concretar una eterna venganza. El video es bastante audaz porque ofrece lesbianismo incestuoso, insinuaciones de lluvia dorada, sadismo y mutilación sexual.
Todo bien filmado, iluminado y con un montaje prolijo (que no siempre se puede apreciar en estos productos). Ver a Susana Torales es entender por qué, en su momento, provocó él revuelo que originó. Con un físico rotundo, para colmo da vida a una mujer de carácter fuerte y sexualidad ambigua. La escena lésbica que juega con una visitante circunstancial (la secretaria) es una de las mejores del cine argentino.
Al sexo duro, explícito, hay que huirle
El caso de Gustavo Ghirardi es el de un trabajador del cine argentino que recorrió las tareas de libretista, guionista, productor y director. Inserto en la producción desde 1953 con Como yo no hay dos (con Pepe Iglesias “El Zorro”), pasó por 86 películas. Vivió y filmó en Perú, y entre sus títulos más recordados figuran El fuego del pecado - El inquisidor de Lima (libro, 1974) (en video, El inquisidor); la controvertida Comandos Azules en acción (libro, 1980) y la excelente Otra historia de amor (producción, 1986). Desde el comienzo Ghirardi reniega de cualquier intento de vincular su videografía al género softcore.
“El título Un ladrón, un violador y dos mujeres lo puso otro, porque el original iba a ser Un magnífico fin de semana. El productor, que tenía ideas malsanas, pensó que poniendo un título de ese tipo se iba a vender más. Es el enfrentamiento cultural que a veces se da entre el que escribe y el que produce. El tenía la idea equivocada que el título original no transmitía una cosa violenta. Pero El caso Laura tampoco transmitía una cosa violenta y se vendieron de entrada 3.000 videos, llegándose a los 4.500, que fue todo un éxito. Del segundo vendimos de 2.800 a 3.000, pero el tercero fue un producto comercial por encargo”, dice.
Y continúa; “Ante la insistencia del redactor sobre el tema, el director no se cansa en repetirlo: El caso Laura no tenía sexo; todo se basaba en cómo se venga una mujer. La mujer, cuando tiene que vengarse, la única fuerza que tiene es ella misma. Es sutil, es envolvedora. es víbora, es serpiente, es Eva. Pienso que la mujer y el hombre son dos personajes iguales, que tienen las mismas obligaciones y derechos, también en lo sexual. Pero a la mujer actual yo le tengo miedo porque es más poderosa que el hombre, más hábil para muchas actividades. Lo que pasa es que cada mujer tiene un animal dentro; por ejemplo Elsa Daniel era paloma, Soledad Silveyra es ardilla, pero Sharon Stone es leona. Lo que busqué en las historias eran mujeres de carácter que fueran profesionales, que lucharan en la vida".
Con esa perspectiva eligió y dirigió a la actriz Marcela Labarca: “Me la trajo Arturo Bonín; es una chica muy inteligente que no tuvo suerte en lo que hizo en teatro pero que tiene un gran futuro, hermosura y la edad justa, porque las grandes protagonistas de hoy son de 30 años para arriba".
Metido de lleno en el análisis de su videografía, Ghirardi es terminante; "no considero a mis películas como softcore: las historias se basan en otra cosa. La fantasía que se le vendía al espectador era una venganza con inteligencia, no sexo. Pero como es hermosa. también se usa a ella. La única relación sexual que tiene la protagonista de El caso Laura es con el personaje de Schubert: el resto es dolor y violencia. En Un ladrón..., las mujeres son dos delincuentes peores que quienes las vienen a atacan diría que es una comedia erótica con humor negro".
Pero, además, es terminante, polémico y duro en relación a lo que significa el cine porno, su inserción en la industria cinematográfica nacional y quienes lo consumen: “Al sexo duro, explícito, hay que huirle. El problema del porno viene por una enfermedad del espectador. Si el espectador no es un enfermo no existe la posibilidad de venderle el producto. ¿Por qué uñ enfermo? Porque el porno se especializa en una demostración visual de una cosa que el individuo ve y que no pasa por lo estético. Entonces el hecho del respeto al sexo es lo que mejora al individuo. El enfermo agresor que viola y no puede violar es el que ve el porno y gracias a Dios el porno aquí no se vende o se vende a $2. Encima está hecho por hombres para hombres y con las fantasías de los hombres. En toda relación humana en la que hay emoción de por medio hay ternura. Si hay nada más que una situación de sexo animal, sólo el hecho de la cópula, no es humana; es simplemente hecho por humanos, es la parte animal; entonces es degradante. Y no se puede aceptar en la sociedad actual nada que sea degradante. Y no se puede censurar, porque la censura también es un deterioro. Pero sí se puede educar a la gente para que rechace al porno y pase lo que sucede en Argentina en donde no se vende el porno más que a unos pocos. Todas estas falencias suceden porque se está dejando de dar cultura al individuo para defenderse. A mí no me importa que en EE.UU. hagan un millón de pornos y las sigan vendiendo, porque ahí también hay tipos que se ponen una capucha blanca y queman vivos a los negros, entonces es una sociedad putrefacta. Lo que hagan los norteamericanos me importa un carajo, lo que me preocupa es que no vengan acá a vendernos su basura. Lo importante es el porqué, las motivaciones”.
Como hombre esperanzado que es, Ghirardi entiende que a pesar de que después de sus tres videos se cayó el negocio, en cuanto estén las condiciones dadas se podrá volver a trabajar “porque el tema de la mujer es apasionante. Al respecto anuncia un nuevo proyecto “con una historia de mucha actualidad en la que nuevamente la mujer tiene un rol fundamental y es tres veces El caso Laura.
Luego de una prolongada charla con Gustavo Ghirardi no queda más alternativa que pensar en el tema de la subjetividad que existe en la mirada del mismo creador cuando, de alguna manera, plantea que su obra no es lo que todo el mundo ve.
A.T.

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